El personal de alta dirección

Se considera personal de alta dirección al trabajador que:

–      Ejercita poderes inherentes a la titularidad de la empresa y relativos a los objetivos generales de la misma.

–      Actúa con autonomía y plena responsabilidad, sólo limitado por los criterios e instrucciones directas de la persona o de los órganos superiores de gobierno y administración de la entidad.

Es una relación laboral que se basa en la confianza recíproca de las partes, quienes deben acomodar el ejercicio de sus derechos y obligaciones a las exigencias de la buena fe.

Las características de esta relación especial son muy casuísticas y dependerán de cada caso concreto, a pesar de ello la jurisprudencia ha venido estableciendo las siguientes:

–      El Alto directivo sólo tiene como superior al órgano societario o a la persona titular de la empresa.

–      La alta dirección recibe poderes inherentes a la titularidad de la empresa.

–      Esta legitimación formal se complementa con el desempeño efectivo de tales poderes.

–      Su ámbito de actuación se extiende a toda la empresa, sin perjuicio de su especialización funcional.

–      Los criterios e instrucciones sólo provienen del empleador.

–      Carece de relevancia la denominación del cargo.

–      Participa en la toma de decisiones sobre la gestión fundamental de la actividad empresarial.

Queda excluido del régimen jurídico de la alta dirección:

–      La actividad de los consejeros o de los miembros de órganos de administración.

–      Personal directivo en régimen laboral común, que son aquellos trabajadores, altamente cualificados, con mando en la empresa, con facultades decisorias en el concreto ámbito empresarial que se les encomienda, pero que no ostentan poderes inherentes a la titularidad de la empresa.

La formalización del contrato de alta dirección debe ser escrita, y el contenido del mismo podrá variar en función de la complejidad de la relación laboral, por lo que se pueden pactar libremente: el salario, el periodo de prueba, el tiempo de trabajo, la no concurrencia y permanencia en la empresa, sustitución o suspensión del contrato en los casos de promoción interna, el periodo de preaviso, la indemnización con o sin blindaje, faltas y sanciones o el computo de antigüedad.

Las causas de la extinción de la relación laboral son:

–      Por transcurso del tiempo pactado.

–      Por desistimiento unilateral y voluntario de una de las partes.

–      Por voluntad del alto directivo.

–      Por voluntad del empresario.

–      Por motivos previstos en la normativa laboral común.

La extinción puede generar, según los diferentes supuestos, derecho a indemnizaciones diversas en función de la forma y causa que se produzcan.

By |2014-01-08T16:57:25+00:00enero 29th, 2013|laboral|0 Comments